Una familia con tres entidades puede responder a la pregunta de qué posee leyendo tres juegos de cuentas. Con seis u ocho, el ejercicio se convierte en un trabajo de montaje que realiza cada año quien esté disponible, y la respuesta llega tarde, en una forma en la que nadie confía, y difiere de la del año anterior por razones que no pueden identificarse. El paso de la información por entidad a la información consolidada es un cambio de naturaleza y no de grado.
Lo que lo hace difícil no es la aritmética. Es que la consolidación exige una serie de decisiones —qué se incluye, a qué valor, en qué divisa, a qué fecha— y que cada una debe aplicarse de forma coherente a entidades constituidas en momentos distintos, en jurisdicciones distintas, bajo convenciones distintas y por asesores distintos.
Alcance: qué se está consolidando
La primera decisión es qué entidades y activos entran en el informe. Las entidades participadas al cien por cien no plantean problema. Las participaciones parciales suscitan la cuestión de incluir la cuota de la familia o el todo con un interés compensatorio. Las entidades en las que la familia tiene influencia pero no propiedad, los activos que los miembros mantienen a título personal y los vehículos como las fundaciones que tienen activos para la familia sin que esta los posea requieren cada uno un tratamiento explícito.
La segunda es para qué sirve el informe, lo que determina la primera. Un informe destinado a mostrar qué controla la familia incluye cosas distintas de otro destinado a mostrar a qué tienen derecho económicamente sus miembros, o qué formaría parte de una herencia. Las familias que no resuelven la finalidad acaban con un informe que no responde con limpieza a ninguna de esas preguntas, y con miembros que lo leen cada uno como si respondiera a la que ellos tenían en mente.
Un informe consolidado solo es comparable con el anterior si las decisiones que lo sustentan se pusieron por escrito en lugar de recordarse.
Valoración y divisa
Los activos requieren una base de valoración declarada, y esa base diferirá según la clase. Las inversiones cotizadas son observables. Las participaciones no cotizadas, los inmuebles y los intereses en negocios operativos no lo son, y la familia debe elegir entre el coste, una valoración profesional periódica y una metodología declarada aplicada con coherencia. Cualquiera de ellas es defendible; cambiar de una a otra sin revelarlo es lo que hace incomparables los informes sucesivos.
La divisa exige una moneda de presentación y una convención de conversión declarada: qué tipo, a qué fecha, para saldos frente a operaciones, y cómo se presentan las diferencias de conversión. Una familia con tenencias en cuatro divisas verá en el informe variaciones que reflejan tipos de cambio y no rendimiento y, salvo que el informe separe ambas cosas, generará conversaciones sobre rendimiento que en realidad son conversaciones sobre el euro.
Qué hace falta para sostenerlo
La consolidación vale lo que valgan los registros subyacentes, y el fallo habitual consiste en intentarla por encima de entidades cuya contabilidad está incompleta o se lleva sobre bases incompatibles. Cuando los registros contables se llevan correctamente a nivel de cada entidad, desde la constitución y no montados al cierre, la consolidación es un ejercicio de agregación. Cuando no, es un ejercicio de reconstrucción repetido cada año, cuyo coste se renueva indefinidamente.
Las decisiones mismas deberían recogerse en un documento breve que acompañe al informe y solo se revise de forma deliberada: qué está dentro del alcance, sobre qué base se valora cada clase, qué divisa y convención se aplican y a qué fecha se cierra el informe. Ese documento es lo que hace comparable el informe de este año con el del anterior, y lo que permite que el trabajo sobreviva a la marcha de quien hoy lo realiza, cosa que en el horizonte de una familia es una certeza y no un riesgo.
Esta nota es de aplicación general y no constituye asesoramiento jurídico, fiscal ni regulatorio. Describe prácticas observadas en distintas entidades y no debe invocarse en relación con ningún dispositivo de información concreto.